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No sabés qué software estás pagando: cómo hacer el inventario en una tarde

24/8/2026

Respuesta corta: no arranques por la memoria ni preguntando al equipo. Arrancá por el resumen de la tarjeta y de la cuenta bancaria de los últimos 12 meses: ahí está la lista real de lo que pagás, incluido lo que nadie recuerda haber contratado.

Por qué la memoria no sirve

Si armás la lista de lo que paga tu empresa preguntando, vas a obtener lo que la gente usa todos los días. Lo que no aparece es justamente lo que te interesa: el servicio que se contrató para un proyecto que terminó, la herramienta que usaba alguien que ya no está, la suscripción que se renovó sola tres veces.

Esos gastos son silenciosos por definición. No molestan, no fallan, nadie los reclama. Solo se debitan.

El método, en orden

1. El resumen de la tarjeta y del banco

Descargá los últimos 12 meses. Doce y no tres, porque muchas suscripciones son anuales y si mirás poco tiempo no las ves.

Marcá todo débito que se repita o que venga de un nombre que no reconocés. Los cargos de software suelen aparecer con nombres poco obvios, a veces con la razón social del proveedor y no con el nombre del producto que conocés.

2. Los mails de facturación

En el correo donde llegan las facturas, buscá términos como "factura", "recibo", "suscripción", "renovación", "tu pago". Aparecen los servicios que se pagan por otras vías: débito de una cuenta distinta, con la tarjeta personal de alguien, o por transferencia.

3. Las contraseñas guardadas en el navegador

Este es el que más sorpresas trae. En el navegador de las computadoras de trabajo, la lista de contraseñas guardadas es en la práctica la lista de todos los servicios que se usaron alguna vez. Muchos van a ser gratuitos, pero ahí saltan los pagos que no aparecieron por los otros caminos.

4. Recién ahora, preguntá

Con la lista ya armada, mostrasela al equipo. La pregunta correcta no es "¿qué usás?" sino "de esto, ¿qué usás y qué no?". Es mucho más fácil responder sobre una lista concreta que recordar desde cero.

Lo que aparece casi siempre

Después de hacer este ejercicio varias veces, hay hallazgos que se repiten:

  • Dos herramientas que hacen lo mismo. Un área usa una, otra área usa otra, y se pagan las dos.
  • Licencias de gente que ya no está. Se paga por usuario y nunca se dio de baja al usuario.
  • El plan quedó grande. Se contrató para 15 personas cuando eran 15, hoy son 8.
  • Almacenamiento en la nube duplicado. Se paga espacio extra en dos servicios distintos, y en uno está casi vacío.
  • La prueba gratis que se volvió paga. Se probó, no gustó, nadie canceló.

Qué anotar de cada uno

Que sea una planilla simple, con estas columnas:

  • Qué es y para qué se usa.
  • Cuánto cuesta y cada cuánto se paga.
  • Cuándo se renueva. Es el dato que más sirve: te da la fecha en la que podés decidir sin pagar de más.
  • Con qué cuenta se paga.
  • A nombre de quién está.
  • Quién lo usa hoy.

Esas dos últimas columnas suelen destapar el otro problema: servicios críticos de la empresa que están a nombre personal de alguien. Si esa persona se va, el servicio se va con ella.

El paso que hace que sirva

Un inventario que se hace una vez y queda en una carpeta se desactualiza en tres meses. Lo que lo mantiene vivo es una sola cosa: poner las fechas de renovación en el calendario, con un aviso una o dos semanas antes.

Con eso, cada renovación pasa a ser una decisión en vez de un débito automático. Y esa es toda la diferencia entre tener un inventario y tener control.

¿Lo querés resolver sin ocuparte vos?

Si preferís que lo hagamos nosotros y te dejemos el registro armado con los avisos de vencimiento andando, es parte de lo que hacemos. Escribinos por WhatsApp y lo vemos juntos, sin compromiso.